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Presentación del escritor

Cuando abordamos la obra de un escritor, si no contamos con conocimientos previos, nos remitimos en primera instancia a sus orígenes, su procedencia de familia aragonesa, el lugar donde nació y creció, en este caso, Valencia. Sus primeros recuerdos nos trasladan a la acción constante en su existencia. Su memoria ejerce de clavo ardiente al que agarrarse porque ya fue testigo de algunas revueltas acaecidas en los inicios de la Primera República, en sus propia ciudad, Valencia. Blasco Ibañez tuvo siempre claro que sería escritor, de los que luchan por la palabra, de los que agitan desde su pluma para vencer los complicados momentos de finales de siglo XIX y principios del XX.


Blasco fue escritor fecundo, no se detuvo en su empeño, y estuvo implicado desde joven en la política, siendo ya un referente en su ciudad. Pero su figura va más allá de aspectos políticos o sociales, que son importantes. Tomamos su figura como un todo y extraemos sus escritos, su obra, su vasta producción literaria que dejó atónitos a países enteros. La producción literaria de sus primeros años de activismo político abarca la gran mayoría de sus obras de mayor calado y sobretodo de calidad literaria, como: Arroz y tartana, La barraca, Entre naranjos…, o las de corte más social: La horda o El intruso.

Rescatar la figura de Blasco Ibáñez es devolverle el valor que tiene y siempre ha tenido. Es un personaje lleno de matices cuya visión fue enriquecer el mundo. Aun siendo uno de los escritores más vendidos y leídos a nivel mundial, posee un escaso reconocimiento en su país.

Sumergirnos en el mundo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, nos muestra su faceta como periodista, a la vez que escritor incansable, y su relación con el cine, nos devuelven a un Blasco Ibáñez en mejor forma que nunca. Sus escritos, así como las películas realizadas sobre su bibliografía en general y sobre esta obra en particular, contribuirán a situarlo en el lugar que siempre le ha correspondido entre nosotros.