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La Gran Guerra

 

La Gran Guerra

Comisario: Enrique Viciano.

La exposición LA GRAN GUERRA que el MUVIM prepara para la conmemoración del inicio de la Primera Guerra Mundial (julio de 2014), examina con rigor y con gran atractivo visual la génesis, desarrollo y consecuencias de la Gran Guerra que enfrentó a las potencias centrales con los aliados. Nos descubrirá los acontecimientos sociales, políticos y militares que rodearon el conflicto bélico. Introduce el protagonismo de Vicente Blasco Ibáñez con La Historia de la Guerra europea y la novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis, como un hito del periodismo y literatura de trinchera. La muestra quiere cautivar al público de todas las edades, informar, mostrar cómo fue, resolver dudas, ordenar conceptos. Será una actividad interactiva en la que se buscará la participación del público con el fin de que éste se involucre, sienta cómo vivieron las gentes y militares de la época de los dos bandos, qué armamento utilizaban, qué olían, qué sonidos escuchaban, cuanto peso llevaban en sus mochilas, qué consecuencias traía la vida en las trincheras, en las ciudades asediadas y qué canciones sonaban, entre otras sensaciones. En fin, aprender historia ‘viviéndola’, enriqueciéndose y por qué no, jugar con ella para asimilar mejor lo que nunca debió suceder.

Las palabra de D. Carlos Caballero, nos introducen en la exposición:

“ Es muy sorprendente lo que ocurre con la Primera Guerra Mundial, infinitamente mucho menos estudiada que la Segunda, cuando en realidad, SON UN MISMO Y ÚNICO CONFLICTO, que empieza en 1914 y acaba en 1945, con un periodo de “armisticio” entre 1918 y 1945. En realidad, la Primera Guerra Mundial es un conflicto con mucha más carga de consecuencias que la Segunda. Es la primera la que pone fin a la hegemonía europea, es en ella donde se encuentra la génesis del régimen soviético y de los fascismos.

Mas allá de las cuestiones militares de la guerra, la Primera Guerra Mundial actúa como punto de inflexión cultural. Durante todo el XIX había predominado una dimensión optimista en la cultura: la fe en el PROGRESO, en la CIENCIA, en un mundo que seria inevitablemente mejor. De pronto, todos los países que iban en “vanguardia” se enzarzan en una lucha atroz, brutal, donde miles de jóvenes mueren en condiciones horribles por avanzar unos metros. Aquello provocó una profundísima crisis ideológica: ¿dónde estaba el progreso?, ¿dónde quedaba esa concepción optimista antropológica en que se había basado el siglo XIX? Sin la Primera Guerra Mundial, la irrupción del comunismo y el fascismo no hubieran sido posibles. Ambos movimientos son intentos de responder a la ‘crisis de la modernidad’ que se inició con la Primera Guerra Mundial.

Otro hecho fascinante es la alineación de bloques. En las dos guerras son básicamente idénticos, con cambios minúsculos. Que democracias como EEUU, Gran Bretaña o Francia no dudaran en aliarse en la Primera Guerra Mundial con Rusia -una autocracia medieval- y en la Segunda Guerra Mundial (un régimen revolucionario totalitario) demuestra que ninguno de los dos conflictos tuvo una génesis ideológica, sino que se basaba en posicionamientos geopolíticos.

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