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Blasco Ibáñez, cronista de la I Guerra Mundial

Es sorprendente lo que ocurre con la Primera Guerra Mundial, infinitamente mucho menos estudiada que la Segunda, cuando en realidad, SON UN MISMO Y ÚNICO CONFLICTO que empieza en 1914 y acaba en 1945, con un periodo de “armisticio” entre 1918 y 1939.

En realidad, la Primera Guerra Mundial es un conflicto con mucha más carga de cosnecuencias que la Segunda. Es ella la que pone fin a la hegemonía europea, es en ella donde está la génesis del régimen soviético y de los fascismos.

Más allá de las cuestiones militares de la guerra, la Primera Guerra Mundial es un punto de inflexión cultural. Durante todo el siglo XIX había predominado una dimensión optimista en la cultura: la fe en el PROGRESO, en la CIENCIA, en un mundo que sería inevitablemente mejor. De pronto, tdos los países que iban en “vanguardia” se enzarzan en una lucha atroz, donde miles de chicos mueren en condiciones horribles para avanzar unos metros. Aquello provocó una profunddísima crisis ideológica: ¿dónde estaba el progreso?, ¿dónde quedaba esa concepción optimista antropológica en que se había basado el siglo XIX?

Otro hecho fascinante es la alineación de bloques. En las dos guerras son básicamente idénticos, con cambios minúsculos. Que democracias como EE.UU., Gran Bretaña o Francia no dudaran en aliarse en la Primera Guerra Mundial con Rusia -una autocracia medieval- y en la Segunda (un régimen revolucionario totalitario) demuestra que ninguno de los dos conflictos tuvo una génesis ideológica, sino que se basaba en posicionamientos geopolíticos.

 

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